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Silvia Canda

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La trama de las cosas

“Materia y Espíritu, no dos cosas, sino dos estados, dos rostros de una misma Trama cósmica…” Esto nos insinúa el Padre Teilhard, en su obra ¨El corazón de la Materia” (1950). ¿Y quién no quiso alguna vez desentrañar la historia de qué es lo que anima a las cosas? Me topé con esta disyuntiva ni bien tuve mis primeras piedras en la mano: ¿cómo conectarme con ellas? Desde que lugar podía llegar a su alma, a su corazón? (¿Acaso lo tienen?) ¿Como tomar contacto real? Ellas no hablan (con palabras, claro), su dialogo es otro. Ellas sí que nos cuentan la verdadera historia, porque nos conectan con nuestra conciencia. Este es el Reino donde ¨Mi padre y yo somos Uno¨: el Reino del Cristal. Esto es así porque se necesita  estar en un profundo silencio y meditación para establecer ese contacto. Las plantas y los animales expresan su vivencia de una forma más determinante, menos sutil; puede un perro o gato pedir alguna necesidad básica y ser interpretado a través de su voz, por el ladrido o el maullido. Una planta puede descender sus hojas y así darnos cuenta de que le es menester su elemento vital, el agua. Pero, ¿cómo nos damos cuenta de lo que quiere expresar un mineral? Si necesita de limpieza o de algún otro cuidado tendremos que ser muy sutiles, silenciosos y meditativos para entrar en su reino y conectarnos… Sentir su sentir requiere de cierta maestría. Y sigo citando al Padre Teilhard, porque lo comprendo y sé de sus dudas. Él nos cuenta: …¨Para estar totalmente a gusto, para ser completamente feliz, necesitaba saber que existe «Algo Esencial» de lo cual todo lo demás no es sino un accesorio, o bien un ornamento… Más a menudo alguna piedra, la más transparente o la mejor coloreada: cristales de cuarzo o de amatista y relucientes fragmentos sobre todo de calcedonia; lo que me era posible encontrar en la zona. En este último caso era, naturalmente, necesario que la sustancia preciada fuera resistente, inalterable ¡y dura]¨

¿Y porque debe ser así? TAMBIEN ME LO HE PREGUNTADO. Una vuelta, transitando una crisis, me encontré más íntimamente con el reino vegetal, esta vez era UNA ROSA AMARILLA la que me había cautivado. ¡¿Y cómo, se va a marchitar tan rápido?!, pensé. A mí, que ya me había acostumbrado a lo inalterable y duradero, me resultaba asombroso que una hermosa rosa con la que había establecido una estrecha relación y que estaba ayudando a sanar mis emociones se vaya desvaneciendo… Casi no lo soportaba. Ahí tome conciencia desde cuanto tiempo atrás algo así no me sucedía, ya que mi mundo era de metal y piedra, elementos tan inalterables que me sucederían. Siendo orfebre y terapeuta entonces decidí darle un corte a la situación, e inmortalice la rosa en un anillo.

Por contraposición, dicha flor me había dejado una sublime enseñanza, fue en ese momento que pude capitalizar tantos años de la compañía de aquellos elementos tan duros, fríos y eternos, donde la memoria del tiempo se perdía y hasta mi propia vida quedaba en una insignificancia; imagínense lo que puede ser una vida humana al lado de semejantes existencias.

Y nos sigue diciendo Teilhard:  ¨…comencé, sin darme cuenta, a acceder verdaderamente al Mundo, hasta no poder gustar ya nada que no tuviera las dimensiones de lo Universal.¨ Y en otro párrafo: ¨El Metal (tal como podía conocerlo a los diez años) tendía a mantenerme atado a objetos manufacturados y fragmentarios. Mediante el Mineral, por el contrario, me encontraba inserto en la dirección de lo «planetario». Despertaba a la noción de «Trama de las Cosas». Y, sutilmente, esa famosa Consistencia que hasta entonces había perseguido en lo Duro y lo Denso, comenzaba a manifestárseme en la dirección de un Elemental expandido por doquier, cuya ubicuidad misma constituía su incorruptibilidad.”

¿Y pueden esos pedazos de rocas, esos elementos vivos llevarnos a cercarnos otra vez al punto desde donde todo confluye y adonde todo converge? Les aseguro que sí. Que su latido es ese, su frecuencia y vibración marcan siempre ese ritmo, la conexión con lo divino, lo cósmico, lo eterno. En tal sentido Teilhard comienza a plantearse: ¨Porque si la llamada inicial que yo había escuchado provenía efectivamente de la Materia, ¿por qué (susurraba alguien en mí) no buscar la esencia, el «corazón» de ésta, en la misma dirección en que todas las cosas se «ultra-materializan»; es decir, precisamente por el lado de las realidades increíblemente simples”… Esto es darle sentido a una vida, a mi vida y todas con las cuales tome contacto en y a través del mineral. Es la cotidianidad de un cada día elevado y re-conectado con lo verdadero. En lo mundano, en lo pequeño, en lo extraordinario. Lo divino despertando en lo profundo de la materia. La materia siendo el cáliz de lo sagrado.

¨El Universo en gravitación se encaminaba hacia el Espíritu como su forma estable en perspectiva.¨