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Silvia Canda

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HAY UN REFUGIO

HAY UN REFUGIO
En los primeros días de la peregrinación en Tierra Santa, no sentía una total armonía, aun faltaba sanar, sincronizar con la vibración, entrar a la tierra prometida en cuerpo y alma.
Fue ahí, donde tuve un sueño revelador, uno de varios que después sucedieron , en orden perfecto con los sitios visitados .
Hace tiempo, años, que siento internamente la necesidad de un refugio, no sé exactamente porqué pero la idea de cómo y hacia dónde va la humanidad, la Tierra, me inquieta.
Será por eso que hace un tiempo heredé parte de un desierto, en las tierras más altas de la República Argentina, en Mendoza, exactamente en Uspallata, cerca del Aconcagua.
Fue instantáneo lo que sentí, cuando vimos la Tierra prometida, ese desierto reverdecido, un hilo conductor me llevo hacia ese desierto heredado.
Ahí algo comenzó a suceder , como piezas de un rompecabezas, que se acomodaban interna y externamente.
Pasaron unos días, no se exactamente cuantos, ya que no soy rigurosa en llevar la cuenta del tiempo, sino más bien en sentirlo.
Hasta que tuve la revelación. Soñé. Como me sucede muchas veces en mi vida, la información llega desde el plano más elevado.
Ahí estaba, la Dra Angela, mi doctora homeopática antropológica con quien me atiendo hace ya una década, y que supe heredarle a amigos y conocidos , para su mayor bien.
Ella traía el mensaje. Dijo : “HAY UN REFUGIO”
Simple y contundente, sus palabras fueron esas.
Sentí paz!
A partir de ese momento, algo comenzó a cambiar.
Esa mañana después del desayuno, siempre sabroso y nutritivo, salimos en excursión, hacia el nuevo sitio que conoceríamos , lugar que recordaría mi memoria ancestral.
Era el MONTE TABOR.
Punto misterioso si los hay, centro de reunión de los Esenios.
Palabra que no reconoce el corrector, ya que ha sido resguardada, protegida hasta su nuevo resurgir.
Lo gracioso era que mi doctora, hace años, me regaló un Rosario que ella misma compró en TABOR, con la inscripción del nombre en el largo de la Cruz.
Rosario que quise volver a comprar y que ya no se realiza, como tantas cosas, razón por la cual lo hace más sagrado y único para mí.
Así fue que ese simple hecho me revelo la esencia de lo transcurrido.
Refugio. Monte. Rosario. Desierto.
Las palabras iban cobrando sentido, ese mismo, que iba ordenando el viaje de peregrinación, dentro mío y me traía paz.
Así tal cual mi relato, los hechos fueron sucedidos.
Si hay algo interesante en mi vida es que no necesito novelarla.
Ya está escrita.
La voz de la mensajera resonaba en mi corazón.
HAY UN REFUGIO!
Que así sea…PAZ Y BIEN .

Comentarios:

  • 2 julio, 2019

    Preciosa vivencia, Silvia!.
    El Refugio brilla en tu Corazon💜
    Muchas gracias por compartirla.

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  • 2 julio, 2019
    Gabi

    Hermoso Sil

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  • 3 julio, 2019
    Maria Saldivia

    Brillante tu relato, como tú! Querida peregrina! Sabía que leerte sería en un momento de regocijo para mi alma: el amanecer! Que siempre trae lo primero y más puro! Gracias por compartir tus sentimientos sagrados!!!

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  • 3 julio, 2019
    Juan José

    Gracias por compartir, me encanto.

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  • 8 julio, 2019

    Lindisima experiencia y bueno haber podido decodificarla

    contestar

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